Cuaderno VIII
Crucé la frontera
Abrí los ojos.
Me quedé unos segundos escuchando.
Después abrí el cierre.
Apenas empezaba a clarear.
Salí.
Todavía nadie había salido de las carpas.
Supe que me tenía que ir.
Agarré la mochila.
Empecé a bajar.
El cielo estaba espeso de nubes.
No miraba el paisaje.
Miraba mis pies.
Las piedras.
Las raíces.
Uno.
Otro.
Otro.
De a ratos trotaba.
En un momento pensé que debía tomar agua.
Seguí.
Me saqué la campera caminando.
Seguí.
Sólo bajaba.
Piedra.
Tierra.
Raíz.
Piedra.
Pie.
Pie.
Pie.
Crucé un arroyito.
Iba rozando los pastizales con la palma de mis manos.
Se cruzaron animales.
Seguí.
El sendero se volvió calle.
Después apareció la panadería.
Me detuve a tomar agua.
Caminé las últimas cuadras con un perro.
Junté mis cosas.
Me bañé.
Me senté afuera de la casa.
A las horas llegaron los demás.
Enojados.
Me dijeron que me habían buscado.
Habían mirado hacia abajo por los acantilados.
Pensaron que me había pasado algo.
Era martes.
Esa noche salía el único micro semanal desde Salvador de bahía.
Lo tomé.
Viajaban feriantes.
Había cajones.
Bolsas.
Canastos.
Las ventanas iban tapadas con telas.
Dormimos como pudimos.
Dos días después el micro llegó a Foz de Iguaçu.
Me encandiló el sol.
Crucé la frontera caminando.
Cuando pisé Misiones respiré distinto.
Empecé a caminar por la ruta.
Hice dedo junto a un cordobés que había conocido en el micro.
Había mariposas por todos lados.
Volaban alrededor nuestro.
Nos miramos y reímos.
Algunas estaban muertas.
Posadas en el pasto.
Me agaché.
Tomé una.
La miré un momento en la palma de mi mano.
Las empecé a guardar entre las páginas de un libro.
Nos echamos a la sombra de un árbol.
Corría una brisa mansa.
Seguimos caminando.
Nadie nos levantaba.
Ruta.
Calor.
Mariposas.
Al caer la tarde el cordobés me dijo que me pagaba el pasaje hasta mi casa.
Una camioneta nos llevó hasta la terminal.
Esperamos varias horas.
Tirados en el piso.
Sin apuro.
Subí al micro.
En la casa de mi madre abrí el libro.
Saqué una por una las mariposas.
Busqué dos vidrios.
Un marco de madera.
Las acomodé.
Cerré el cuadro.
Escribo una o dos veces por mes.
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