Cuaderno II

Hechizada

Corría el 2008.
Pero esta historia venía de antes.

Hubo un momento en que pensé en abandonar.

Venía de varios años tocando en las calles de Montevideo y Ciudad de la Costa.
Había impulso, pero también frustración.
Sentía que giraba en el mismo lugar.

Me volví a la casa de mi madre, en Argentina.
No tenía un plan claro.
Tenía cansancio.

Una madrugada apareció algo distinto.
No fue una idea brillante.
Fue una decisión silenciosa.

Volver.
Pero volver distinto.

Regresé a Uruguay con una intención concreta: grabar discos caseros y venderlos en los ómnibus para que la música pudiera viajar sola.

Al principio vendía cuatro, cinco, seis discos por día.

Y empezaron a llegar mails.
Mensajes de personas que habían comprado el disco en el ómnibus.
Me contaban que las canciones los acompañaban, que algo se movía en sus casas, en sus días.

Ahí entendí que la canción no terminaba cuando yo bajaba del ómnibus.
Seguía.

En ese contexto nació “Hechizada”.

Yo estaba viviendo en la bajada 25 de la rambla de Solymar, en una cabañita.
Ahí la escribí.

Mientras la componía, se me venían imágenes de esas mañanas.
Salía alrededor de las ocho.
Caminaba hasta Giannattasio.
En la parada de Márquez Castro empezaba a cantar.

La escribí pensando en esas personas que veía todos los días en los ómnibus.
Y en mí.

En un momento la canción dice:
“Y ya no me enchastré, senté a mi vocación,
la puse frente a mí, le dije vámonos…”

Arriba del ómnibus, en la mañana, yo cantaba eso.
Y me reconocía diciendo en voz alta lo que yo mismo necesitaba escuchar.

Un pequeño hechizo compartido.
Para los otros.
Y para mí.

Escribo una o dos veces por mes.

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