Cuaderno V
Teatro
Hace unos días toqué en un bar.
Había preparado un concierto de dieciséis temas.
Apenas arranqué, algo ya estaba sucediendo.
El bar se volvió teatro.
Un pie marcaba el pulso.
Una cabeza inclinada.
Las miradas.
Esa noche lo sentí desde el primer tema.
El silencio estuvo ahí canción tras canción.
Yo los vi.
Todo el tiempo.
En un momento terminé de tocar.
Fin del concierto.
El bar quedó quieto.
Nadie hablaba.
Como si algo se hubiera aquietado en todos.
Me agaché para apoyar la guitarra y nadie se movía.
Entonces me di vuelta y dije:
—Si hay que seguir tocando, se sigue… ¿eh?
Hice un gesto con las manos.
Como diciendo:
bueno, seguimos.
Me sonrieron.
Ahí supe que el concierto ya no estaba en mis manos.
Por un rato el mando lo tuvo el ambiente.
Y seguimos.
Primero fueron dieciséis temas.
Después diecinueve.
Al final, veintidós.
Y entonces la música apareció distinta.
Más libre.
Más viento.
Escribo una o dos veces por mes.
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